Évelyn Zúñiga Sánchez

Un día como hoy…

Cada 02 de octubre, el mundo conmemora el Día Internacional de la No Violencia, una fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2.007 para difundir el principio de la no violencia mediante la educación y la conciencia pública. La elección de esta fecha no es casual, pues coincide con el nacimiento de Mahatma Gandhi, una de las figuras más reconocidas de la lucha por la independencia de la India y uno de los principales referentes históricos de la resistencia no violenta. Gandhi nació el 02 de octubre de 1.869 en Porbandar, India. Se formó como abogado y desarrolló buena parte de su pensamiento político a partir de su experiencia en Sudáfrica y, posteriormente, de su participación en el movimiento por la independencia india. Su concepción de la no violencia estaba estrechamente vinculada con la verdad, la dignidad humana y la resistencia frente a la injusticia. No la entendía como pasividad ni como renuncia a luchar, sino como una manera de enfrentar los conflictos y las estructuras de poder sin recurrir a la violencia física ni al odio. Entre las acciones asociadas con su liderazgo estuvo la movilización y la desobediencia civil contra determinadas leyes del dominio británico, incluida la histórica Marcha de la Sal de 1930. El legado de Gandhi no puede reducirse a la idea de “ser pacífico”. Su propuesta planteaba que es posible oponerse a una injusticia y defender determinados principios sin convertir al adversario en objeto de odio o destrucción. Esa concepción de la resistencia no violenta trascendió las fronteras de la India y posteriormente influyó en distintos movimientos sociales y de derechos civiles alrededor del mundo. A 157 años de su nacimiento, reflexionar adquiere una particular importancia: la violencia no se manifiesta únicamente en guerras o grandes conflictos armados, también puede aparecer en espacios cotidianos, por ejemplo dentro de los hogares, en las relaciones entre vecinos, en las carreteras, en los centros educativos, en los espacios públicos y en las redes sociales. Asimismo, puede expresarse mediante agresiones físicas, amenazas, humillaciones, intimidación, discursos de odio o actos de discriminación. Costa Rica no está al margen de esta realidad. La construcción de una cultura de paz implica la manera en que las personas afrontan sus diferencias, reaccionan ante el enojo y resuelven los conflictos que surgen en la vida cotidiana. Un hecho ocurrido recientemente en San Rafael de Oreamuno, Cartago, permite observar las consecuencias que puede alcanzar un conflicto entre personas cuando la confrontación escala hasta la agresión física. Hace cuatro días, una adulta mayor resultó gravemente herida en un ataque con arma blanca. Este caso ha generado preocupación por otro fenómeno: la aparición de expresiones xenófobas dirigidas contra personas de nacionalidad nicaragüense. La nacionalidad de una persona involucrada en un hecho delictivo no permite atribuir esa conducta a toda una población. Convertir un caso particular en una acusación contra una comunidad entera significa sustituir el análisis de los hechos por un prejuicio colectivo. La respuesta frente a un acto de violencia debe partir de la justicia y del respeto a la dignidad de todas las personas. La discriminación y la xenofobia, en cambio, no contribuyen a esclarecer los hechos ni a prevenir nuevas agresiones. Aquí adquiere especial relevancia uno de los aspectos centrales del pensamiento de Gandhi: la no violencia no consiste en permanecer indiferente ante la injusticia, implica buscar formas de enfrentarla sin reproducir aquello que se pretende combatir. La propia ONU destaca que la acción no violenta puede incluir protestas, persuasión, no cooperación e intervenciones pacíficas; es decir, se trata de una forma de acción y resistencia, no de simple pasividad. Esto resulta especialmente importante en una época en la que una discusión puede convertirse rápidamente en una agresión y un comentario en redes sociales puede alimentar una cadena de insultos, amenazas y discriminación. Romper ese ciclo exige decisiones individuales: detener una ofensa antes de responder con otra, buscar mediación cuando el conflicto puede escalar, denunciar una agresión por las vías correspondientes y negarse a convertir la indignación en odio contra quienes no tienen relación con los hechos. La no violencia tampoco significa renunciar a la justicia. Por el contrario, supone reconocer que la defensa de los derechos y la búsqueda de soluciones a los conflictos pueden desarrollarse mediante mecanismos que no reproduzcan la violencia. La paz, en este sentido, no consiste simplemente en que no haya enfrentamientos visibles; requiere respeto, diálogo, justicia, convivencia y capacidad para resolver las diferencias sin convertirlas en agresiones. En este Día Internacional de la No Violencia, la figura de Gandhi ofrece una oportunidad para reflexionar sobre una pregunta que sigue vigente: ¿cómo respondemos cuando estamos en desacuerdo, cuando sentimos indignación o cuando consideramos que hemos sido tratados injustamente? No siempre podemos controlar las acciones de los demás, pero sí podemos decidir qué hacemos con nuestro propio enojo y cómo respondemos ante el conflicto. Elegir el diálogo en lugar de la agresión, la justicia en lugar de la venganza y los hechos en lugar de los prejuicios no significa ignorar la violencia, significa negarse a multiplicarla. La construcción de una cultura de paz comienza precisamente ahí: en la decisión cotidiana de no convertir el dolor, la ira o los desacuerdos en una nueva causa de violencia. Esa es una de las razones por las que, casi ocho décadas después de su muerte, el pensamiento de Gandhi continúa formando parte de la reflexión internacional sobre la resistencia no violenta, la dignidad humana y la búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos.

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Inauguración del XXV Festival Internacional de la Poesía

La tarde del domingo 27 de septiembre tuve el privilegio de asistir a la inauguración del XXV Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, celebrada en la sala principal del Teatro Nacional. Desde el primer momento, la actividad se convirtió en una experiencia profundamente enriquecedora, capaz de reunir en un mismo espacio el arte de la palabra, la diversidad cultural y el encuentro entre distintas sensibilidades literarias. Ingresar al Teatro Nacional ya era, por sí mismo, una invitación a la contemplación artística. Sin embargo, lo que viví durante la inauguración superó cualquier expectativa. Esta vigésima quinta edición del festival reunió a poetas de Costa Rica, Colombia, Panamá, Irán, México, Nicaragua, Honduras y Puerto Rico, reafirmando el carácter internacional de un evento que, durante veinticinco años, ha promovido la poesía como un puente entre culturas y generaciones. Uno de los aspectos que más me impresionó fue la posibilidad de escuchar voces provenientes de distintas realidades y tradiciones literarias. Entre los invitados internacionales destacaron Javier Alvarado (Panamá), Laura Castillo (Colombia), José Ernesto Hernández (Puerto Rico), Mohsen Emadi (Irán), Martha Favila (México), Ericka Picado (Nicaragua) y Francesca Randazzo (Honduras), quienes declamaron sus poemas. Asimismo, Costa Rica estuvo representada por los poetas invitados especiales Juan Carlos Olivas y Ligia Zúñiga. La inauguración también contó con la participación de la agrupación musical Tropus, dedicada a la interpretación de música medieval. Su presencia aportó un matiz artístico especial al evento, creando una atmósfera que nos transportó a través del tiempo y complementó de manera armoniosa la experiencia poética. Como estudiante y amante de la literatura, me resultó inspirador observar cómo la poesía sigue convocando a personas de diferentes edades y procedencias alrededor de una misma pasión. En una época como la nuestra, encontrar un espacio dedicado a la reflexión, la belleza del lenguaje y el diálogo cultural constituye un verdadero privilegio. También me llamó la atención conocer que este festival, organizado por la Fundación Casa de Poesía,  no se limita a un único escenario, sino que forma parte de un proyecto cultural mucho más amplio, que lleva actividades, lecturas y encuentros literarios a distintas comunidades del país, sobre todo a las zonas rurales, fortaleciendo el acceso a la creación poética y fomentando la participación de nuevos lectores y escritores. Al finalizar la actividad, salí del Teatro Nacional con una profunda sensación de admiración y gratitud. Más que asistir a una inauguración, tuve la oportunidad de presenciar una auténtica fiesta de la palabra, donde la poesía se convirtió en un lenguaje común capaz de trascender fronteras, idiomas y experiencias de vida. Sin lugar a dudas, la apertura del XXV Festival Internacional de Poesía de Costa Rica fue una velada memorable, cargada de arte, cultura y sensibilidad humana. Fue una de esas experiencias que permanecen en la memoria y que nos recuerdan que la literatura sigue siendo una poderosa herramienta para comprender el mundo, acercarnos a los demás y descubrir nuevas formas de mirar la realidad.

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Entre el dolor y la memoria

Existen ocasiones en los que una comunidad entera parece detenerse. Instantes en los que las palabras resultan insuficientes y el corazón intenta comprender una realidad que cuesta aceptar. Hoy vivimos uno de esos momentos al despedir a nuestra estudiante Hellen Franciny Quirós Sandí, cariñosamente conocida como “Chiny”, de la sección 7-3, quien falleció tras enfrentar complicaciones de salud. Nacida el 29 de octubre de 2.008, Chiny nos dejó ayer, cuando faltaba exactamente un mes para cumplir su mayoría de edad. Su partida deja un profundo dolor en su familia, sus amistades, sus compañeros de aula, sus docentes y en toda la comunidad educativa que hoy se une en un dolor solidario. Extendemos de manera especial nuestro abrazo a su madre, nuestra exalumna Angie Sandí Muñoz, y a toda su familia, entre ellos nuestro egresado Fernando Sandí Muñoz, de la generación 2.022, quienes atraviesan una pérdida cuya dimensión resulta difícil de expresar con palabras. La partida de una persona tan joven nos enfrenta de manera dolorosa con la fragilidad de la vida. Nos recuerda que el tiempo que compartimos con quienes amamos no debe darse por sentado y que muchas de las situaciones que consideramos cotidianas adquieren un valor distinto cuando ya no podemos volver a vivirlas. El duelo no es lineal, no existe una receta, no tiene una única forma de vivirse. Cada persona enfrenta la ausencia de manera diferente. Hay quienes necesitan hablar y quienes prefieren guardar silencio; quienes encuentran consuelo en los recuerdos y quienes durante algún tiempo sienten que rememorar resulta demasiado doloroso. Algunos buscan compañía, mientras otros necesitan espacios de soledad. Cada persona necesita encontrar su propio ritmo para aprender a convivir con la ausencia. Por eso, en momentos como este, la empatía adquiere un significado especial. Nunca sabemos cuánto dolor puede estar llevando en silencio la persona que tenemos a nuestro lado. Una palabra amable, una escucha sincera, un abrazo o simplemente la disposición de permanecer cerca puede significar mucho para alguien que atraviesa un momento difícil. Nuestra institución ha vivido recientemente otras pérdidas que han dejado una profunda huella en nuestra memoria colectiva. Hemos despedido a una compañera de trabajo, un egresado, dos estudiantes y familiares cercanos de integrantes de nuestra comunidad. Cada una de esas historias ha sido diferente y cada persona ha ocupado un lugar irrepetible entre nosotros. Una ausencia no sustituye a otra, cada pérdida deja su propio vacío. Hemos comprobado en carne propia, en medio de estas circunstancias, el valor de acompañarnos. Cuando el dolor se comparte con respeto y solidaridad, no desaparece, pero puede hacerse un poco más llevadero. La comunidad cobra entonces un sentido especial: estar presentes cuando las palabras no alcanzan y ofrecer apoyo cuando alguien necesita sentir que no está solo. Las pérdidas también nos hacen detenernos y mirar de otra manera aquello que forma parte de nuestra vida diaria: una conversación con alguien querido, una risa compartida, un abrazo, la presencia de un amigo, una palabra de agradecimiento o la posibilidad de comenzar un nuevo día. Tal vez por eso, además del dolor, estos momentos nos dejan una invitación a vivir con mayor conciencia. A cuidar nuestra salud física y emocional. A reconocer cuándo necesitamos ayuda y a comprender que pedirla no es una señal de debilidad. A tratar a los demás con consideración, pero también a nosotros mismos, recordando que nuestra vida tiene valor y que todos merecemos respeto, cuidado y oportunidades para crecer. Estos momentos también nos recuerdan algo simple pero esencial: no deberíamos esperar una ocasión extraordinaria para demostrar afecto. Siempre es el momento idóneo para decir “te quiero”, agradecer, pedir perdón, acercarnos a alguien que necesita compañía o llevar a cabo un gesto de bondad. Con el paso del tiempo, muchas cosas pierden importancia, pero permanecen aquellos momentos en los que hicimos sentir a otra persona que era importante para nosotros. Permanece la mano amiga, la palabra que reconfortó, la sonrisa obsequiada y la generosidad ofrecida sin esperar nada a cambio. Hoy lloramos la partida de Chiny. No podemos negar ese dolor ni apresurarnos a encontrar respuestas que quizá no existen. Podemos, simplemente, permitirnos sentirlo, acompañarnos y conservar con cariño el recuerdo de una hermosa joven que formó parte de nuestras aulas, de nuestra institución y de la vida de muchas personas. Su paso por nuestra comunidad forma ahora parte de nuestra memoria. Que recordarla nos ayude a valorar más la vida, a cuidar mejor de quienes nos rodean y a ser más atentos con quienes, aun sin decirlo, pueden estar necesitando una palabra de apoyo. A la familia de Chiny, a sus compañeros de la sección 7-3, a sus docentes, a sus amistades y a todas las personas que la quisieron, les expresamos nuestra más sincera solidaridad y nuestras oraciones. Descansa en paz, Chiny.

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¡Ivannia Aguilar Castro vuelve a hacer historia!

Ha sido uno de los retos más grandes de mi vida. En junio de este año gané el Campeonato Nacional de Baile, y el día 26 de septiembre me enfrenté contra República Dominicana y Panamá en el Campeonato Internacional de Baile en CR Open Costa Rica Dance Fest 2026. Fue un reto personal muy grande, porque al haber obtenido el Campeonato Nacional, fui a representar a Costa Rica para un Internacional en el que gracias a Dios salimos muy muy bien acreditados. Ese día competí contra República Dominicana y Panamá. Panamá y Costa Rica quedaron empatados en el primer lugar; posteriormente, para el desempate, nos enviaron a algo llamado “muerte súbita”, en donde nos pusieron un Social y bailamos diferentes ritmos. Al finalizar el Social, tuvimos que esperar un tiempo para que el jurado diera su veredicto, y por 20 puntos más, Costa Rica se llevó el primer lugar. Me siento muy orgullosa de representar al colegio, al país y a mi academia Relax Dance, también de representarme a mí misma y de hacerme ver que, cuando una depresión toca tu puerta, toca tu vida, toca todo, agarrarse de Dios es lo más importante, y proponerte metas increíbles puede que te haga llegar a alcanzar cosas impresionantes. En mi vida yo me imaginé que iba a ganar un campeonato internacional, ¡y aquí está! Muchas veces nosotros mismos nos limitamos de cosas grandes que podemos llegar a hacer, pero de la mano de Dios se puede lograr eso y hasta más. Nota de la editora: El CR Open Dance Fest es un campeonato internacional de danza que se celebró en el Centro de Convenciones de Costa Rica, el cual reunió a más de 800 bailarines nacionales e internacionales en diversas categorías y estilos.

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GENOCIDIO

Etimología: Del griego γένος génos ‘estirpe’ y -cidio. 1. (Función morfológica: sustantivo masculino). Exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de etnia, religión, política o nacionalidad. Sinónimos: exterminio, etnocidio, exterminación, holocausto, pogromo, matanza, masacre. Gaza se ha convertido en el símbolo desgarrador de un sufrimiento que parece no tener fin. Allí, la guerra deja de ser un concepto político para transformarse en rostros, ausencias y vidas interrumpidas. Hablar de genocidio es nombrar la desesperación de quienes ven desaparecer su hogar, su historia y a sus seres queridos bajo una violencia persistente. Más allá de ideologías y fronteras, la tragedia de Gaza nos obliga a mirar de frente el valor de cada vida humana y a preguntarnos qué significa realmente la justicia cuando el dolor de un pueblo entero clama ser escuchado.

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LA ESCRITURA COMO TERAPIA

La escritura expresiva: cuando las palabras se convierten en medicina para el alma Desde tiempos remotos, los seres humanos han recurrido a las palabras para comprender lo que les ocurre. Cartas, diarios personales, poemas, confesiones y memorias han servido para conservar recuerdos, comunicar sentimientos y tratar de encontrar sentido a experiencias difíciles. Escribir sobre aquello que nos afecta no es, por tanto, una práctica nueva. Lo que sí es relativamente reciente es el interés de la psicología por estudiar de manera sistemática qué ocurre cuando una persona pone por escrito sus experiencias emocionales. Uno de los investigadores más importantes en este campo es el psicólogo estadounidense James W. Pennebaker, quien desarrolló, junto con otros investigadores, una línea de investigación conocida como escritura expresiva. Sus estudios, iniciados en la década de 1980, exploraron los posibles efectos de escribir sobre experiencias emocionalmente significativas, sobre todo aquellas que las personas habían mantenido en silencio. La propuesta es sencilla: dedicar durante un período breve varias sesiones a escribir de manera privada y libre sobre acontecimientos importantes y los sentimientos relacionados con ellos. No se trata de redactar un relato literario ni de producir un texto que deba ser leído por otras personas. El objetivo es expresar y explorar la experiencia personal mediante las palabras. James W. Pennebaker, psicólogo social. 🟡 Cuando aquello que sentimos encuentra un nombre Una experiencia dolorosa no siempre llega a nuestra conciencia como una historia ordenada. Puede aparecer como recuerdos fragmentados, emociones difíciles de identificar, pensamientos recurrentes o sensaciones que no sabemos explicar. Poner todo ello en palabras puede contribuir a organizar la experiencia. Al escribir, la persona no solamente recuerda lo sucedido, también puede preguntarse qué significó, cómo la afectó y qué relación guarda con lo que siente en el presente. Este proceso de elaboración es uno de los aspectos centrales de la investigación sobre escritura expresiva. La hipótesis no es simplemente que “sacar lo que llevamos dentro” cure el sufrimiento, sino que convertir experiencias emocionales en un relato más organizado puede facilitar su procesamiento y comprensión. Esto es especialmente relevante cuando una persona ha evitado durante mucho tiempo pensar o hablar sobre determinados acontecimientos. Sin embargo, conviene hacer una precisión: evitar una experiencia dolorosa no significa necesariamente que exista un trauma ni que toda persona necesite enfrentarse por escrito a sus recuerdos. Las reacciones ante acontecimientos difíciles varían considerablemente de una persona a otra. 🟡 ¿Por qué escribir puede resultar beneficioso? Cuando escribimos sobre una experiencia emocional, ponemos en marcha varios procesos simultáneos. Recordamos acontecimientos, seleccionamos información, identificamos emociones, establecemos relaciones entre hechos y tratamos de construir una explicación coherente de lo ocurrido. La escritura puede convertirse así en un puente entre lo que sentimos y lo que logramos comprender. Una emoción que inicialmente parece confusa puede adquirir un nombre. Un acontecimiento que parecía aislado puede relacionarse con otras experiencias. Una preocupación repetitiva puede quedar delimitada y contemplarse desde una cierta distancia. Entre los posibles beneficios estudiados se encuentran una mayor conciencia emocional, una mejor elaboración de determinadas experiencias y una reducción de algunos indicadores de malestar psicológico. La investigación también ha encontrado efectos sobre ciertos aspectos de la salud física en determinados grupos, aunque los resultados no son uniformes y no permiten afirmar que escribir produzca los mismos beneficios en todas las personas. Por eso, la escritura expresiva debe entenderse como una herramienta de exploración y elaboración emocional, no como una cura universal. 🟡 Del acontecimiento al relato Una de las aportaciones más interesantes de este enfoque es la importancia que adquiere la construcción de significado. Los acontecimientos difíciles pueden alterar la manera en que una persona interpreta su propia vida. Una pérdida, una separación, una experiencia de violencia, un fracaso, una enfermedad o cualquier otro acontecimiento profundamente doloroso puede hacer que las explicaciones que antes parecían suficientes dejen de serlo. Escribir permite regresar a la experiencia desde otra perspectiva. Al hacerlo varias veces, el relato puede transformarse: aquello que inicialmente estaba dominado por la descripción de los hechos y la intensidad emocional puede dar paso a reflexiones sobre sus causas, consecuencias y significado. Esto no implica que la persona termine encontrando una explicación definitiva ni que el dolor desaparezca. Tampoco significa que todas las personas atraviesen las mismas etapas. Significa que la escritura puede ayudarnos a entender mejor lo que hemos vivido y a darle un lugar dentro de nuestra propia historia. El objetivo no es borrar el pasado, sino modificar la relación que mantenemos con aquello que hemos vivido. 🟡 La importancia de poner nombre a las emociones Una de las dificultades más comunes frente al sufrimiento emocional es identificar exactamente qué estamos sintiendo. A veces decimos que estamos “mal”, cuando detrás de esa palabra puede existir tristeza, miedo, frustración, culpa, vergüenza, impotencia, rabia o una combinación de varias emociones. Escribir permite detenerse en ellas. La hoja puede convertirse en un espacio privado para reconocer pensamientos que resultan difíciles de expresar en una conversación. No hay necesidad de encontrar las palabras perfectas ni de presentar una versión coherente de uno mismo. Puede escribirse sobre la tristeza acumulada, una pérdida, una preocupación, una relación complicada, un recuerdo doloroso o incluso sobre sentimientos contradictorios. Precisamente esa libertad constituye una de las características de la escritura expresiva: no es necesario censurar lo que aparece en el papel ni preocuparse por la calidad literaria del texto. Y muy importante: no se trata de “escribir bonito”, la escritura expresiva no exige talento literario. No importa que una frase quede incompleta, que las ideas aparezcan desordenadas o que existan contradicciones. Tampoco es necesario que el texto tenga una estructura, una introducción y una conclusión. No se escribe para publicar, sino para comprender, liberar, sanar… Esta diferencia es fundamental. Un diario íntimo, una carta que nunca será enviada o unas páginas escritas exclusivamente para uno mismo pueden cumplir esta función. Incluso es posible escribir y posteriormente destruir el texto si hacerlo proporciona mayor sensación de privacidad. La finalidad no está en el producto terminado, sino en el proceso de poner en palabras

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Un día como hoy…

Hace 533 años, el 25 de septiembre de 1.493, Cristóbal Colón partió de Cádiz al mando de una nueva expedición hacia el continente americano. Este viaje fue muy diferente del primero realizado el año anterior. Mientras la expedición de 1.492 tenía un carácter principalmente exploratorio, la de 1.493 fue organizada con el propósito de consolidar la presencia española en los territorios descubiertos y ampliar el conocimiento geográfico de las nuevas tierras. La flota era considerablemente más grande que la anterior y transportaba hombres, provisiones, animales, semillas y diversos recursos destinados a establecer asentamientos permanentes. Durante esta travesía se exploraron numerosas islas del Caribe y se continuó el reconocimiento de regiones que hasta entonces eran desconocidas para los europeos. El viaje permitió ampliar la cartografía de la época y fortaleció la conexión entre Europa y las tierras americanas, inaugurando un proceso histórico que transformaría profundamente ambos continentes. A lo largo de los años siguientes, Colón realizó nuevas expediciones impulsado por la búsqueda de rutas comerciales y por la esperanza de encontrar las riquezas asociadas con Asia, pues aún persistía la idea de que aquellas tierras podían formar parte de ese continente o estar próximas a él. Dentro de ese proceso de exploración tuvo lugar su cuarto viaje, iniciado en 1.502, considerado el último gran intento del navegante por encontrar un paso marítimo que condujera hacia Oriente. Fue durante esta expedición cuando, el 25 de septiembre de 1.502, las naves de Cristóbal Colón llegaron a la costa caribeña de nuestro país, en la región que hoy corresponde a la provincia de Limón. Las fuentes históricas sitúan este encuentro en las cercanías de la costa limonense y de la actual isla Uvita. Los europeos encontraron un territorio cubierto por una exuberante vegetación tropical, atravesado por numerosos ríos y habitado por comunidades indígenas que mantenían redes de intercambio comercial en la región. La observación de objetos elaborados con oro llamó especialmente la atención de los expedicionarios, quienes interpretaron estos hallazgos como indicios de una tierra rica en recursos. Este hecho contribuyó a fortalecer el interés europeo por explorar las costas centroamericanas. La llegada a la costa caribeña costarricense constituyó uno de los primeros contactos documentados entre los habitantes originarios del actual territorio nacional y los exploradores europeos. A partir de ese momento comenzó una relación histórica compleja que daría paso a profundos cambios culturales, sociales, económicos y demográficos en la región. Para Costa Rica, la fecha posee un significado especial porque representa el primer registro escrito de la presencia de europeos en el territorio nacional. Sin embargo, este acontecimiento también recuerda que, mucho antes de la llegada de Colón, existían sociedades indígenas con conocimientos, formas de organización y tradiciones propias que habían desarrollado su vida en estas tierras durante siglos. 524 años después, la memoria de aquel acontecimiento continúa vinculada a la provincia de Limón, cuya costa fue escenario de uno de los episodios más relevantes de la historia de Costa Rica. La llegada de Cristóbal Colón en 1.502 marcó el inicio de una nueva etapa histórica y convirtió a la región caribeña costarricense en parte de los grandes procesos de exploración y encuentro cultural que caracterizaron el inicio de la Edad Moderna.

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El alimento de las palabras

¡La semilla ha caído en tierra fértil! Después del conversatorio de anoche, nuestra estudiante Gloria Somarriba, de la sección 11-4, escribió y se animó a publicar este poema: Nuestras más sinceras felicitaciones a Gloria por iniciar lo que esperamos que sea una oleada de publicaciones de textos literarios escritos por nuestros estudiantes¡Sabemos que en el Liceo José Joaquín Jiménez Núñez tenemos grandes talentos!

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XXV FESTIVAL INTERNACIONAL DE LA POESÍA EN EL LJJJN

y Catherine Valle Barboza El próximo domingo 27 de septiembre dará inicio formalmente el XXV Festival Internacional de la Poesía, una celebración que coloca la palabra poética en el centro de la actividad cultural de nuestro país, y que constituye una oportunidad para acercarse a distintas expresiones de la creación literaria. Como una significativa antesala de este festival, ayer, miércoles 23 de septiembre, el Liceo José Joaquín Jiménez Núñez tuvo el privilegio de recibir a los distinguidos escritores costarricenses Marianella Sáenz Mora, Alejandra Espinoza Arias y Gerardo Cascante Valverde, quienes compartieron una enriquecedora jornada literaria con un grupo de trece estudiantes de diferentes niveles educativos: Alexander García Quirós (8-2) Didier José Herrera Pérez (8-3) Ricardo Morales Jara (9-1) Cindy Corrales Núñez (10-1) Katia Navarro (10-1) Mariela Flores Bonilla (10-5) María Fernanda Jiménez (10-6) Alejandra Garita Sánchez (10-7) María Meneses Aguilar (11-1) Raquel Láscarez Cuesta (11-1) Sheila Solís Ulate (11-4) Cintia Monge Navarro (11-4) Gloria Somarriba (11-4) Introducción al conversatorio, a cargo de la poeta Alejandra Espinoza Arias. La presencia de los tres poetas convirtió el espacio educativo en un escenario para el encuentro entre generaciones, el diálogo y la reflexión alrededor de la palabra escrita. La actividad se desarrolló mediante un enriquecedor conversatorio dedicado particularmente al efecto terapéutico de la escritura poética, así como al papel que puede desempeñar la poesía en la expresión de las emociones, la comprensión de las experiencias personales y la construcción del bienestar integral. A lo largo de la conversación, los invitados compartieron sus testimonios y reflexiones acerca de la relación que puede establecerse entre la escritura y la vida cotidiana. La poesía fue abordada como una posibilidad para poner en palabras aquello que se siente, explorar el mundo interior, comprender determinadas vivencias y transformar experiencias en una manifestación artística. Desde esta perspectiva, los escritores mostraron a los estudiantes que escribir no significa únicamente construir versos o producir una obra destinada a ser publicada, sino que también puede constituir un ejercicio personal de exploración, autoconocimiento y expresión. La palabra escrita puede convertirse, de esta manera, en un espacio de refugio, desahogo y reflexión; una herramienta que permite detenernos, observar lo que ocurre en nuestro interior y encontrar formas de comunicar pensamientos y emociones que, en ocasiones, resultan difíciles de expresar mediante el lenguaje cotidiano. La poesía fue presentada así desde una dimensión profundamente humana, vinculada con las experiencias, los sentimientos, las preguntas y las distintas maneras en que cada persona observa e interpreta su realidad. Uno de los momentos más significativos del encuentro fue la declamación de varios poemas por parte de los escritores. La lectura en voz alta permitió que los estudiantes se aproximaran a las obras desde una dimensión distinta, apreciando no solamente el contenido de los textos, sino también su ritmo, musicalidad, intensidad y capacidad para transmitir emociones mediante la palabra hablada. La poesía, al ser interpretada por sus propios autores, adquirió una dimensión especialmente cercana y permitió apreciar la fuerza expresiva de la voz, las pausas y la entonación. El público siguió con atención cada una de las intervenciones y tuvo la oportunidad de acercarse a diferentes sensibilidades y formas de entender la creación poética. De esta manera, los estudiantes pudieron experimentar que un poema no es solamente un conjunto de palabras plasmadas sobre el papel, sino también una creación capaz de cobrar nueva vida cuando es compartida con otros. La actividad tuvo, además, un momento particularmente especial cuando dos estudiantes declamaron sus propias composiciones poéticas ante los escritores y sus compañeros. Su participación representó una valiosa oportunidad para que los jóvenes asumieran también el papel de creadores y no se limitaran únicamente a escuchar las voces de poetas con trayectoria. Al presentar sus propios textos, los estudiantes compartieron una parte de su sensibilidad, imaginación y manera particular de interpretar el mundo. Sus composiciones fueron recibidas con entusiasmo y reconocimiento por parte de los escritores, quienes valoraron el talento, la creatividad y la iniciativa de los jóvenes. Dar a conocer una creación propia implica también un ejercicio de confianza y valentía, pues supone compartir pensamientos, sentimientos e ideas personales a través de la palabra. Este intercambio entre escritores y estudiantes convirtió la jornada en un verdadero diálogo entre diferentes experiencias de creación. Los jóvenes pudieron escuchar a autores que hablaron desde su propia trayectoria, pero también tuvieron la oportunidad de hacer escuchar sus propias voces y demostrar que la creación literaria puede encontrar un espacio importante dentro de nuestra comunidad educativa. Durante el conversatorio también se destacó la importancia de la lectura como una práctica fundamental para el crecimiento personal, el desarrollo de la imaginación y el fortalecimiento de las capacidades comunicativas. Los escritores motivaron a los estudiantes a acercarse a los libros, descubrir nuevas voces y ampliar sus horizontes mediante la lectura. Leer permite entrar en contacto con otras experiencias, conocer distintas perspectivas, enriquecer el vocabulario y encontrar nuevas maneras de comprender el mundo. En esa misma línea, los poetas animaron a los jóvenes a continuar escribiendo y a atreverse a compartir sus creaciones, dando el paso desde la escritura personal hacia espacios en los que sus trabajos puedan ser conocidos por otras personas. En este contexto, se destacó la posibilidad de aprovechar plataformas de difusión como La Voz del Nocturno, medio que constituye un espacio significativo para proyectar las creaciones literarias de los integrantes de la comunidad estudiantil y brindarles la oportunidad de dar a conocer sus trabajos. La presencia de Gerardo Cascante Valverde tuvo, además, un significado particularmente especial para el Liceo José Joaquín Jiménez Núñez, pues el escritor es exalumno de nuestra institución. Su regreso al centro educativo, esta vez en calidad de poeta y como invitado para compartir sus experiencias con las nuevas generaciones, estableció un vínculo especial entre su trayectoria y la comunidad educativa de la que alguna vez también formó parte; esto permitió mostrar a los estudiantes que la relación con el liceo puede trascender los años de permanencia en sus aulas y que las experiencias adquiridas durante esa etapa pueden formar parte

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AMARILLO

Etimología: del bajo latín hispánico amarellus, y este del diminutivo del latín amārus ‘amargo’. El Diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española, registra catorce diferentes significados para la palabra “amarillo”. Para efectos de esta publicación, nos limitaremos a la primera acepción: 1. (Función morfológica: adjetivo; usado también como sustantivo masculino). Dicho de un color: Semejante al del oro o al de la yema de huevo, y que ocupa el tercer lugar en el espectro luminoso.  El amarillo también ocupa un lugar especial en nuestra institución, porque es el color característico de La voz del Nocturno, y simboliza muchos de los valores que deseamos compartir con quienes nos acompañan en cada publicación. El amarillo es el color de la luz. Nos recuerda el amanecer que llega después de la noche, la energía que impulsa nuevos comienzos y la calidez de una palabra amable cuando más se necesita. Tradicionalmente se asocia con la alegría, el optimismo, la esperanza y la amistad, cualidades que fortalecen los vínculos humanos y mejoran nuestro entorno. Quizá por ello no resulta extraño que, en los últimos años, las flores amarillas hayan adquirido un significado especial para muchas personas. La popular costumbre de regalarlas cada 21 de septiembre se popularizó en América Latina a partir de la telenovela argentina Floricienta y de la canción Flores amarillas, donde este detalle representaba la ilusión de recibir una muestra sincera de amor. Con el tiempo, la tradición fue creciendo gracias a las redes sociales y terminó convirtiéndose en un gesto que hoy expresa afecto, gratitud y buenos deseos. Sin embargo, más allá de las modas impuestas a través de los medios de comunicación, el verdadero valor de las flores amarillas no está en un ramo, sino en el sentimiento que representan. Son un recordatorio de que las personas necesitamos gestos de cercanía, palabras de reconocimiento y oportunidades para agradecer a quienes forman parte de nuestra vida, y no en un día en particular, sino siempre. Desde La voz del Nocturno queremos enviar a cada miembro de nuestra comunidad mucho más que un ramo. Les enviamos, de manera simbólica, todo un campo sembrado de flores amarillas; un campo inmenso de gratitud por su compañía, su apoyo, sus lecturas, sus sonrisas y su confianza. Que cada una de esas flores represente un deseo de bienestar, una palabra de ánimo para los días difíciles, un reconocimiento a los esfuerzos silenciosos y un agradecimiento sincero por ser parte de esta gran familia. Al final, las flores más valiosas no siempre son las que se sostienen entre las manos, sino las que florecen en el corazón. La voz del Nocturno les desea hoy y siempre hermosos días llenos de luz, esperanza y afecto. 🌻💛🌻

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