En el marco del programa Érase una vez, iniciativa conjunta entre el Ministerio de Educación Pública (MEP) y el Teatro Nacional de Costa Rica, los estudiantes de undécimo año del Liceo José Joaquín Jiménez Núñez tuvieron el privilegio de asistir hoy a la última puesta en escena de la célebre obra “Mujercitas”.
La experiencia constituyó un encuentro enriquecedor con la literatura universal y con el arte escénico nacional, lo que permitió a nuestros estudiantes apreciar la sensibilidad, el talento y la dedicación de los artistas que dieron vida a los personajes en esta adaptación de la novela de Louisa May Alcott.
La obra, cargada de valores como la fraternidad, la perseverancia y la búsqueda de los sueños, se convirtió en una lección viva que trascendió las páginas del libro y se proyectó en el escenario con emotividad, fuerza y hasta comicidad.
La visita al Teatro Nacional no solo representó un acercamiento a uno de los patrimonios arquitectónicos más emblemáticos del país, sino también una oportunidad pedagógica que fortalece la formación integral de nuestros estudiantes. De esta forma, el programa Érase una vez reafirma nuevamente la importancia de vincular la educación con la cultura, ofreciendo a las nuevas generaciones espacios de aprendizaje que despiertan la imaginación, la sensibilidad estética y el pensamiento crítico.
El Liceo José Joaquín Jiménez Núñez celebra con orgullo esta experiencia, convencido de que el contacto directo con las artes escénicas es un camino para cultivar ciudadanos más conscientes, creativos y comprometidos.
LA OBRA ORIGINAL
La novela “Mujercitas” (“Little Women”), escrita originalmente en inglés por Louisa May Alcott en 1868, está inspirada en la propia vida de la autora y en la relación con sus hermanas, lo que le otorga un carácter íntimo y autobiográfico.
La historia se desarrolla en Nueva Inglaterra durante la Guerra de Secesión estadounidense (1861-1865), conflicto que enfrentó a los estados del norte contra los del sur por el tema de la esclavitud (los estados del norte, conocidos como “unionistas”, luchaban por la abolición bajo el liderazgo del presidente Abraham Lincoln, mientras que el sur quería lo contrario). El padre de la familia March participa como capellán (ministro religioso) en el ejército unionista, lo que deja a su esposa, Marmee, al frente del hogar y de la educación de las cuatro hijas en medio de la austeridad y la incertidumbre que la guerra imponía.
Marmee es una figura central, guía a sus hijas con firmeza y ternura, inculcándoles valores de solidaridad y sacrificio. Ella misma viaja al frente cuando su esposo enferma, dejando a las jóvenes solas en un momento crítico, lo que fortalece su carácter y sentido de responsabilidad. El padre, aunque aparece poco, simboliza el ideal moral y espiritual que sostiene a la familia, y su regreso tras la enfermedad marca un momento de reunión y esperanza.
Otros personajes adultos enriquecen la trama: el abuelo de Laurie, el señor Laurence, se convierte en protector y amigo de las hermanas, le regala a Beth un piano que simboliza su reconocimiento y cariño hacia la joven tímida y bondadosa. La tía March, en contraste, es una mujer severa que representa la rigidez social; aunque crítica y exigente, termina siendo un apoyo para Jo y Amy, pues su influencia y recursos les abren oportunidades que de otro modo no habrían tenido.
La narración sigue el destino de cada hermana: Meg se casa con John Brooke (tutor del joven Laurie) y forma un hogar sencillo; Jo desafía los moldes femeninos y se convierte en escritora, encontrando finalmente el amor en el profesor Bhaer; Beth muere joven, dejando una huella imborrable en la familia; y Amy perfecciona su arte en Europa y se casa con Laurie, quien había sido el gran amigo y confidente de las jóvenes March, y quien en primera instancia propuso matrimonio a Jo.
De este modo, “Mujercitas” combina la intimidad de la vida doméstica con el trasfondo histórico de la Guerra de Secesión, mostrando cómo la fraternidad, la perseverancia y la esperanza permiten sobrellevar tanto las pruebas personales como las tensiones de un país dividido.
La obra se ha convertido en un clásico universal porque refleja, con sencillez y profundidad, la fuerza de los vínculos familiares y la lucha por los sueños en tiempos de adversidad.
CONCURSO
Ya que conocés los detalles tanto de la obra original como la adaptación llevada al Teatro Nacional, te proponemos el siguiente reto: REESCRIBIR EL FINAL DE LA OBRA.
¿Cómo? En una hoja rayada tamaño carta, redactá a mano una página en la que nos contés cómo habrías querido que finalizara la obra.
¿Cuándo? Tenés tiempo de entregar tu escrito hasta el jueves 27 de agosto a las 9 pm.
¿Dónde? Entregá tu final alternativo en la Biblioteca, con la profesora Évelyn Zúñiga.
¿Qué puedo ganar? Unos audífonos inalámbricos.
¿Cuándo se dará a conocer al ganador o a la ganadora? El viernes 28 de agosto.
¿Qué pasa si me gusta el final original de la obra? Igualmente podés participar argumentándonos en forma convincente el porqué estás de acuerdo con ese final.