TRASCEDENCIA

En memoria de mi madre, Blanca Sánchez Miranda, y de quienes este año partieron de este mundo: alumnos, egresado, compañera de trabajo y familiares cercanos de nuestro estudiantado y personal de la institución.

Cuando el amor trasciende

El DLE establece tres diferentes significados para la palabra trascendencia. Hoy nos limitaremos a la segunda acepción:  

Etimología: Del latín transcendentia.

2. (Función morfológica: sustantivo femenino). En filosofía: aquello que está más allá de los límites naturales.

Pocas palabras encierran un significado tan profundo como el término trascendencia. Desde la filosofía, nos remite a aquello que supera las fronteras de nuestra existencia inmediata, que va más allá de lo tangible, del tiempo y de los límites de la propia vida. Trascender es dejar atrás lo pasajero, superar la fugacidad de nuestra presencia y permanecer de alguna manera cuando ya no podemos estar.

Probablemente ninguna experiencia humana permite comprender mejor este concepto que la muerte de alguien a quien amamos.

Cuando un ser querido parte, dentro de quienes quedamos hay algo que cambia para siempre…

Una llamada que ya no recibiremos, un abrazo que se convierte en recuerdo, una voz que quisiéramos escuchar una vez más, unas manos por las que daríamos todo para volver a estrechar, un lugar vacío en la mesa familiar… Quienes hemos despedido a una madre, a un padre, a un hijo, a un hermano, a un amigo o a cualquier ser amado, sabemos que hay despedidas que el corazón nunca termina de comprender ni superar.

Y, sin embargo, en medio de ese dolor, descubrimos una de las verdades más conmovedoras de la existencia: el amor no desaparece cuando la vida termina, el amor trasciende.

Quienes se marchan dejan mucho más que recuerdos. Nos heredan maneras de mirar el mundo, enseñanzas que se convierten en brújula, valores que orientan nuestras decisiones y gestos que, sin darnos cuenta, repetimos. A veces descubrimos frente al espejo que tenemos la misma expresión de nuestra madre, que utilizamos alguna frase de nuestro padre o que, ante una dificultad, reaccionamos siguiendo el ejemplo de aquella persona que tanto admirábamos. Entonces comprendemos que algo suyo continúa viviendo en nosotros.

La trascendencia no consiste en negar la muerte ni en fingir que la ausencia duele menos, implica reconocer que una vida no se reduce al tiempo que alguien permaneció físicamente a nuestro lado, significa reconocer que hay personas cuya existencia sigue dando sentido, orientación y fortaleza a otras, aun mucho después de su partida. Su cuerpo deja de estar presente, pero aquello que sembraron en nuestro corazón, permanece.

Hoy, al conmemorarse el Día de los Difuntos, una tradición cristiana dedicada al recuerdo y la oración por quienes han fallecido, encontramos también una oportunidad para reflexionar desde nuestra condición humana, independientemente de las creencias religiosas de cada persona, detener por un instante el ritmo de la vida, volver la mirada hacia nuestra propia historia y rendir homenaje a quienes contribuyeron a convertirnos en las personas que hoy somos.

Y es que el amor no siempre necesita una presencia física para seguir manifestándose. Hay conversaciones que continuamos en silencio, decisiones que tomamos pensando en lo que esa persona nos habría aconsejado y momentos en los que, sin buscarlo, sentimos que su recuerdo nos acompaña. No es que la ausencia deje de doler; es que el amor encuentra otras maneras de permanecer.

Precisamente ahí reside la verdadera trascendencia: en comprender que nuestra vida puede prolongarse en la de los demás a través de lo que entregamos, de las palabras que pronunciamos, de las oportunidades que brindamos y del bien que fuimos capaces de realizar. No sabemos cuánto tiempo permaneceremos en este mundo, pero podemos elegir qué clase de huella dejaremos en quienes comparten el camino con nosotros.

La muerte puede poner fin a una presencia, pero no tiene el poder de deshacer una historia de amor, no puede borrar los momentos compartidos, despojar de sentido las enseñanzas recibidas ni arrancar de nuestra memoria aquello que nos hizo inmensamente felices. Son afectos que sobreviven a las despedidas y recuerdos que se convierten en refugio cuando el dolor nos visita.

Trascender no es permanecer para siempre en el mundo, sino haber significado tanto en la vida de alguien que, aun después de su partida, una parte de ellos continúe acompañándonos por el resto de nuestra existencia. 

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