Cierre de Nueva Década: Una pérdida para la cultura costarricense

El día de ayer, miércoles 21 de octubre, la famosa Librería y Editorial Nueva Década, ubicada a escasos metros del Parque John F. Kennedy (Parque de San Pedro de Montes de Oca), cumplió 46 años de existencia; lamentablemente, lejos de celebrar, el señor Eduardo Montecinos Cisternas, director de la librería, publicó lo siguiente en su cuenta de la red social Facebook:

“Hoy estamos conmemorando un año más del inicio de una empresa familiar que, a través del tiempo, se ha destacado en el ámbito cultural durante 46 años. Hemos sido una fuente de información y conocimiento para miles de ciudadanos costarricenses.

Un lugar donde hemos vendido sueños y despertado la magia de la lectura.
Un lugar que, desde los inicios tuvimos el objetivo como empresa, de promover la lectura y alcanzar al máximo de personas, sin importar edad, sexo, educación, condición económica u otros.
Ya con solo que, una persona pudiera tener un libro en sus manos, era una gratificación, por lo que se germinó la idea de “tirar los libros a la calle” y nació nuestra Feria Permanente al Aire Libre que hasta la fecha se mantiene, justo en la entrada a nuestra librería.
Pusimos a precios ínfimos, variedad de títulos y autores, para que todo transeúnte que, por alguna razón, no se animan a entrar a la librería, pudieran adquirir algún título. Fue así, que poco a poco, muchos se fueron “haciendo de sus libritos”, educándose informalmente y reforzando el hábito de la lectura con alguna obra comprada en la calle.
Durante estos 46 años, nos hemos mantenido fiel a nuestra esencia; seguir siendo una LIBRERÍA SOLO DE LIBROS. Esto nos fue permitiendo convertirnos en un referente en el mercado y un ícono cultural.
Sin embargo, actualmente, nos encontramos en una etapa, que, por diversas circunstancias externas, como el deterioro de la educación en Costa Rica, el poco estímulo a programas de promoción a la lectura, la virtualidad en la enseñanza y otros aconteceres nacionales, nos han afectado desde hace un tiempo, en el desempeño comercial de la librería.
Hemos tratado de sobrevivir en esta pandemia cultural, a la que hemos llegado y a pesar de los esfuerzos, no hemos podido lograr recomponernos.
Con mucha tristeza estamos comunicando a nuestros clientes y amigos, que después de analizarlo con detenimiento, hemos llegado a la conclusión como familia, que NUEVA DÉCADA, se ve obligada a abandonar el mercado del libro.
Iniciaremos, la etapa de finalización hasta el cierre definitivo de nuestras puertas.
Al llegar a este punto nos embarga la pena y la nostalgia, han sido muchos años de momentos compartidos, tertulias, anécdotas y un sin fin de personas recorriendo los pasillos de nuestra querida librería.
Desde ya, les agradecemos a cada uno de nuestros clientes y más que todo, amigos, el haber hecho de Nueva Década Editorial , su hogar científico y literario.
Infinitas gracias a todos los que nos han acompañado durante estos 46 años”.
 

Lamentamos profundamente el anuncio del próximo cierre de Nueva Década, una librería que durante 46 años ha formado parte de la historia cultural de Costa Rica. Su despedida no representa únicamente el final de una empresa familiar, sino también la pérdida de un espacio que acercó libros, autores y conocimiento a generaciones de lectores.

A lo largo de su trayectoria, Nueva Década hizo de la lectura una posibilidad más accesible. Su iniciativa de ofrecer libros a precios económicos, incluso en una feria permanente al aire libre, reflejó una convicción valiosa: el conocimiento no debería ser un privilegio reservado para quienes pueden pagar altos precios, sino una oportunidad al alcance de la mayor cantidad posible de personas.

Por eso, su cierre nos invita a mirar más allá de la difícil situación comercial que atraviesa la librería y a preguntarnos qué está ocurriendo con la lectura en nuestro país.

Es cierto que los hábitos de consumo han cambiado, que los recursos digitales han transformado el acceso a la información y que mantener un negocio dedicado exclusivamente a los libros plantea desafíos importantes. Sin embargo, estas transformaciones no deberían llevarnos a considerar inevitable la desaparición de espacios culturales que han contribuido a formar lectores y a mantener vivo el intercambio de ideas.

Las preocupaciones expresadas por Nueva Década acerca del deterioro educativo y la falta de estímulos suficientes para promover la lectura merecen una reflexión seria. No obstante, sería insuficiente atribuir esta situación a una sola causa. El fortalecimiento de la cultura lectora requiere políticas públicas sostenidas, bibliotecas accesibles, programas educativos que despierten el interés por los libros, apoyo a las librerías independientes y una ciudadanía dispuesta a incorporar la lectura en su vida cotidiana.

También es necesario reconocer que la promoción de la lectura no puede descansar únicamente en el esfuerzo de quienes venden libros. Se necesita una articulación efectiva entre el Estado, los centros educativos, las familias, las editoriales, las bibliotecas y las comunidades. Comprar un libro, visitar una librería, recomendar una obra o compartir una lectura son acciones sencillas que, sumadas, pueden contribuir a mantener vivos estos espacios.

Deploramos que una librería con 46 años de trayectoria llegue a la conclusión de que no puede continuar. Detrás de esta decisión hay una historia familiar, años de trabajo y un compromiso cultural que merece reconocimiento. También hay una señal de alerta sobre las dificultades que enfrentan los espacios dedicados a difundir el conocimiento en una época en la que la información circula con rapidez, pero no siempre se acompaña de reflexión, pensamiento crítico y lectura profunda.

Desde La Voz del Nocturno expresamos nuestra solidaridad con la familia de Nueva Década y nuestro agradecimiento por los años dedicados a acercar los libros a la ciudadanía. Ojalá esta despedida no pase inadvertida y sirva para despertar una conversación nacional sobre el valor de las librerías, el acceso al conocimiento y la necesidad de construir una cultura que no relegue la lectura a un segundo plano.

Tristemente no solo deja de existir un negocio: se apaga un punto de encuentro con las ideas, la imaginación, el conocimiento, la cultura… Una sociedad que aspira a ser más educada y crítica no debería contemplar esta pérdida con indiferencia.

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